Alberto ha empezado a ir a la guardería, pero todas las mañanas
llora y después se queda callado todo el tiempo.
Hasta que un día le dice a su madre:
—¡Hoy he hablado con la señorita!
—¡Muy bien! ¿Y qué le has dicho?
—¡¡¡Quiero ir con mamáááááá!!!
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