En el aeropuerto.
—¿Es usted el señor que ha insistido en contratar un vuelo
supereconómico?
—¡En efecto! ¿Cuándo despega?
—¡Ah, justo el tiempo que tardemos en atarle las alas a la chaqueta!
En el aeropuerto.
—¿Es usted el señor que ha insistido en contratar un vuelo
supereconómico?
—¡En efecto! ¿Cuándo despega?
—¡Ah, justo el tiempo que tardemos en atarle las alas a la chaqueta!