Es el primer día de trabajo de un prometedor joven licenciado en
marketing. Pero en cuanto ve que el director le pone en las manos
una escoba y un recogedor, protesta:
—¡Al parecer no nos hemos entendido! —dice el joven, realmente
ofendido.
—Tienes razón, lo siento. Ha sido culpa mía —le dice el director—.
¡No me he acordado de explicarte cómo funcionan!
