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Chistes de familia

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Sinceridad matrimonial

Un ejecutivo envía un fax a su esposa:

“Querida esposa: Comprenderás que ahora que tienes 54 años, yo tengo ciertas necesidades que tú ya no puedes satisfacer.

Soy muy feliz contigo, te considero una esposa maravillosa y sinceramente, espero que no te sientas herida u ofendida al saber que cuando recibas este fax, voy a estar haciendo sexo en el Hotel Camino Real con Vanessa, mi secretaria, que tiene 18 años.

No obstante, llegaré a casa antes de la medianoche”.
Cuando el tipo vuelve a su casa, se encuentra una nota sobre la mesa del salón que dice:

Querido esposo: He recibido tu fax y no puedo evitar darte las gracias por el aviso. Aprovecho la oportunidad para recordarte que tú también tienes 54 años. Al mismo tiempo, te comunico que para cuando leas este mensaje, estaré dándome un revolcón en el Gran Hotel Fiesta con Mikel, mi profesor de tenis que, al igual que tu secretaria también tiene 18 años.

Como además de ser un empresario de éxito, eres licenciado en Matemáticas, podrás comprender fácilmente que estamos en las mismas circunstancias, pero…. con una pequeña diferencia:

“18 entra más veces en 54, que 54 en 18 “….. Por lo tanto, no me esperes esta noche, llegaré mañana.

Recibe un beso de tu esposa que verdaderamente te comprende”…

Sin escrupulos

Una mujer le dice a su marido (que está tumbado en el sofá viendo la tele):
– Arregla el grifo de la cocina, que está goteando.
– ¿Acaso tengo cara de fontanero?. Dejame en paz-le contesta
Al día siguiente, cuando también está el marido tumbado viendo la tele, le dice:
– ¿Porqué no arreglas la silla de la cocina?. Está cojeando.
– ¿Acaso tengo cara de carpintero?.Dejame tranquilo – le responde él.
Al otro día, cuando el marido llega a la casa ella le dice:
– Hay un vecino nuevo y ha venido a presentarse. Es un tipo estupendo. Vió que el grifo de la cocina goteaba y lo arregló enseguida. Después vió que la silla cojeaba y también la arregló en un momento. Yo le dije si debía pagarle algo y él me contestó que podiamos hechar un polvito o podía hacerle un pastel.
El marido le respondió:
– Y tú ¿que hicistes?.
– ¿Acaso tengo cara de pastelera?- respondió ella.