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Chistes de profesiones

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El sueldo de Juan

Cuando Juan recibió su sueldo, en dinero efectivo, como siempre lo hacía el primer día de cada mes, contó cuidadosamente los billetes, uno a uno, agudizando sus ojos y untando el dedo con saliva para despegar con fuerza los billetes. Se sorprendió al percatarse que le habían dado 100 dólares más de lo que correspondía. Miró al contador de reojo para asegurarse que no lo había notado, rápidamente firmó el recibo, se guardó el dinero dentro del bolsillo y salió del sitio con la mayor rapidez y discreción posibles, aguantándose, con esfuerzo, las ganas de saltar de la dicha. Todo quedó así. El primer día del mes siguiente hizo la fila y extendió la mano para recibir el pago. La rutina se repitió y al contar los billetes, notó que faltaban 100 dólares. Alzó la cabeza y clavó su mirada y muy serio le dijo al cajero: – Señor, disculpe, faltan 100 dólares. El cajero respondió: – ¿Recuerda que el mes pasado le dimos 100 dólares más y usted no dijo nada? – Sí, claro -contestó Juan con seguridad-, es que uno perdona un error, pero dos ya son demasiados.

La amistad de Pedro y Juan

Había una vez dos amigos llamados Pedro y Juan, eran tan amigos que donde sea que iban estaban juntos, era tal su amistad que hasta se bañaban juntos. Un día en una fiesta Pedro quería sacar a una chica a bailar y le dice a Juan: Juan, quiero sacar a bailar a esa chica. Y luego se dicen: ¡Sácala tú Juan! ¡No, sácala tú Pedro! Total los dos la sacan a bailar. Luego Juan quería comprometerse con la chica y le dice a Pedro: Quiero comprometerme con esa chica. Y luego se dicen: No, mejor tú Pedro. No, tú Juan. Total los dos se comprometieron con la chica y después se casaron. En la luna de miel Pedro quería acostarse con ella y le dijo a Juan: Quiero acostarme con ella. Y luego se dicen: No, mejor tú Juan. No, tú Pedro. Total los dos se acuestan y la chica queda embarazada, después de 1 año el bebé no nacía y Pedro y Juan estaban muy preocupados. Entonces, los doctores intentaron oir sus latidos pero sólo escucharon: ¡Sal tú Juan! ¡No, sal tú Pedro.