Un señor va al médico porque tiene unos dolores de espalda muy
intensos. El doctor lo examina y le dice:
—Tómese una pastilla de estas un día, y al siguiente lo salta. Vuelva
dentro de un mes y me dice cómo se encuentra.
Al cabo de un mes, el paciente regresa a la consulta y el médico le
pregunta:
—¿Qué tal, ha funcionado el tratamiento?
—Hum, estoy mejor de la espalda, eso sí, pero… ¿no podría
recetarme algo para las piernas? ¡Me duelen un montón de tanto
saltar!
