Una señora telefonea al pescadero.
—Mañana tengo invitados a cenar. ¿Podría enviarme diez
lenguados a casa lo antes que pueda?
—Eso está hecho —responde el pescadero—. ¿Estará usted en
casa toda la mañana?
—No lo sé —le responde la señora—, pero si no estoy, ¡me los pasa
por debajo de la puerta!
