Un pintor recibe el encargo de pintar la raya continua de una
carretera.
El primer día pinta dos kilómetros, el segundo día un kilómetro y
medio, el tercer día menos de un kilómetro.
Su jefe se da cuenta y lo regaña:
—¿Qué pasa aquí? ¿Estamos perezosos últimamente?
—De eso nada —responde el operario—. Lo que sucede es que
cuanto más avanzo… ¡más lejos me queda el bote de pintura!
